14ª ASAMBLEA MUNDIALDenuncian el aumento del antisemitismo en el mundo, con la crisis económica como caldo de cultivo de este tipo de formaciones
PACO SOTO | VARSOVIA.
El Congreso Judío Mundial (WJC) clausuró ayer su décimocuarta asamblea plenaria en Budapest con una denuncia del incremento del antisemitismo en el mundo y puso de manifiesto la existencia de un frente hostil a Israel capitaneado por países como Irán y Venezuela. El presidente del WJC, Ronald S. Lauder, -que fue reelegido para el cargo para los próximos cuatro años- alertó sobre «los peligros» del extremismo en una Europa en crisis y destacó la necesidad de «combatir el antisemitismo en todas sus formas». El WJC se celebró en la capital húngara con el deseo de denunciar el auge del antisemitismo en el país magiar, donde durante la Segunda Guerra Mundial fueron asesinados por los nazis y el régimen fascista de Budapest medio millón de judíos.
El antisemitismo ha crecido notablemente en Hungría en los últimos años, lo que ha dado pie a que la extrema derecha parlamentaria, representada por el partido Jobbik de Gabor Vona, se haya convertido en tercera fuerza política. Además, las organizaciones paramilitares como la ilegalizada Magyar Garda (Guardia Húngara) y los grupos neonazis y neofascistas siembran el terror entre la importante comunidad gitana de Hungría y otros colectivos considerados por los ultras como enemigos del país. En este contexto, el Gobierno conservador del populista Viktor Orban lleva tres años jugando con el fuego del antisemitismo por un motivo electoral: restar votos a Jobbik.
Orban, por una parte, niega las acusaciones de antisemita que ha recibido en Hungría y en la Unión Europea (UE), pero, por otro lado, coquetea con extremistas dentro y fuera de su propio partido, el FIDESZ, rehabilita a fascistas y contemporiza con Jobbik. Presionado por la oposición húngara y Bruselas, Orban se vio en la obligación de acudir a la apertura del WJC, para denunciar el antisemitismo por «inaceptable e intolerable», mientras que el presidente húngaro, el conservador János Áder, condenó «las dictaduras inhumanas del siglo XX». Jobbik sacó a sus hordas ultras a las calles de Budapest para denunciar la celebración del WJC.
Algunos analistas señalan que en su afán por competir electoralmente con la extrema derecha, Orban ha caído en su propia trampa. Sembró vientos y ahora está recogiendo tempestades. Los ultras de diverso pelaje están desbocados en Hungría. Piden la expulsión de los gitanos y de los judíos, porque los consideran responsables de la crisis económica, el empobrecimiento de la población y la delincuencia. En 2012, un diputado de Jobbik propuso la creación de listas de los judíos que trabajan en el Gobierno y la Administración por considerarlos un «peligro para la seguridad nacional».
En la prensa y en la televisión, según denunció Ronald S. Lauder, «la incitación contra la minoría romaní se está convirtiendo en algo común». La inauguración de estatuas al dictador pronazi Miklós Horthy es otra muestra siniestra de lo que ocurre en el país centroeuropeo. Péter Feldmájer, presidente de la comunidad judía de Hungría, recordó que mientras el Gobierno apoya a los judíos, al mismo tiempo «se envenena el alma de los estudiantes».
LOS MÁS PELIGROSOS
Jobbik: La formación húngara, liderada por Gabor Vona, es la tercera fuerza del país al obtener el 17% de los votos en las elecciones de 2010. Hace unos meses, solicitaron en el Parlamento la creación de «listas de judíos» que puedan suponer un riesgo para «la seguridad nacional».
Amanecer Dorado: Los ultras griegos, que tienen 18 diputados en la asamblea, guardan en sus sedes numerosos panfletos apologéticos del dictador Hitler y no se privan de saludar con el brazo en alto a la manera fascista.
NPD: El Partido Nacionaldemócrata de Alemania carece de representación parlamentaria, pero ha conseguido entrar en asambleas locales. En sus vídeos incita a la violencia contra los extranjeros.
El Congreso Judío pide contundencia contra los partidos neonazis
08/May/2013
El Correo de Alava, Paco Soto